Siete razones para amar el final de “Como conocí a vuestra madre”

Vale, aviso a todos los que no hayan visto la última temporada de Como conoci a vuestra madre (HIMYM, How I met your mother): ¡¡SPOILERS a tutiplén!!!

  1. El final consigue que la historia tenga por fin coherencia. Como bien dice la hija de Ted, resultaba absurdo contar una historia de amor a una mujer en la que la mujer en cuestión apenas sale. Pero había una razón: porque la historia en realidad no iba sobre el amor de Ted por la madre de sus hijos, sino sobre el amor de Ted por Robin. Y por eso la serie arranca con Ted conociendo a Robin, no a Marshall, a Lily o a Barney. Y así, la serie cuyo final, todos creíamos conocer desde el primer capítulo, consigue finalmente, sorprendernos.
  2. Se ha dicho que Como conoci a vuestra madre era el equivalente de “Friends” del siglo XXI. Puede ser, porque ambas relatan ese momento idílico de la juventud post-universitaria de las tribus urbanas contemporáneas, el de la primera adultez, cuando se tienen pocos compromisos y obligaciones, cuando todo está por descubrir, y los amigos son la antesala de la propia familia. En ambas, los personajes viven en burbujas irreales, en las que el tiempo parece pertenecerles a voluntad, de forma que pueden estar siempre divirtiéndose con los amigos, sin más preocupación de ir a pedir otro café o cerveza a la barra. En ambas, la ficción hizo que esas burbujas se alargaran más de lo que suelen durar en la vida de las personas. Pero sin embargo, “Friends” no se atrevió a sacar a sus personajes de ese hermoso limbo, y la serie concluye con los seis amigos dirigiéndose a tomar de nuevo café, en el sitio de siempre. Quizá por eso ese último capítulo resultó tan olvidable. En contraste, HIMYM se atreve a llegar mucho más allá, hace estallar la burbuja, y durante todo un capítulo final memorable, vemos a nuestros queridos personajes viviendo… en la Realidad.
  3. Todo es real en ese último capítulo, aunque nos duela, aunque nos chirrie, aunque no nos guste verlo, todo casa con la Realidad. Empezando por el final de la historia de amor de Barney y Robin. No resultaba lógico que un juergas pichabrava y una trabajólica, ambos egocéntricos y obsesionados con sus propios proyectos personales y profesionales, tuvieran una relación amorosa duradera. Duele verlo contado en un par de minutos, porque nos hemos pasado seis temporadas enamorándonos de su historia de amor, pero lo bonito es que, a mí por lo menos, no me quedó la sensación de que su historia de amor es un fracaso… sencillamente es una historia de amor preciosa y divertida, que dura, lo que tenía que durar. Hemos soportado durante décadas la insistencia de los guionistas estadounidenses en hacernos creer que la única historia de amor digna de respeto era la que duraba toda la vida, pero ahora, menos mal, parecen haber descubierto que hay historias de amor, gloriosas y memorables, que no duran tanto. Porque el corazón tiene más cuartos que una casa de putas… Quizá por fin leyeron a García Márquez.
  4. No era justo que Robin acabara con Barney. Porque Barney, en definitiva, era el Chico Malo. Aunque nos cayera bien, porque los Chicos Malos suelen ser encantadores de hecho, y él, más que todos. Pero no dejaba de ser un mujeriego mentiroso, sin un ápice de respeto por el género femenino. Durante siglos, las mujeres hemos oído la cantinela del Don Juan redimido por el amor de un Mujer Buena y Distinta (a las demás, que son unas golfas todas). Nos la están contando hasta hoy, mire usted si no las dichosas “Cincuenta sombras de Grey”, pero cualquier mujer con dos dedos de frente sabe que esa historia es una mentira patriarcal y retrógrada. Veremos si finalmente Barney aprende con su hija a respetar a las mujeres. Pero una serie con los hermosos toques feministas que ha tenido Como conocí a vuestra madre no podía terminar con ese cuento (de brujas, que no de hadas).
  5. Era muy lógico que Robin se enamorara del Chico Malo y se aburriera con el Chico Bueno. Primero porque Barney es uno de los personajes más divertidos y atractivos de la televisión de los últimos años, (un Joey mejorado, mucho más atractivo, además de listo y ocurrente) mientras que Ted, en cambio, nos ha exasperado con su romanticismo infantil y sus dudas eternas. Pero sobre todo, porque Robin tenía ventitantos, treintaytantos. Y las chicas a los esa edad “sólo quieren divertirse…”. Tenían que pasar los años, llegar a los cuarentaytantos (quizá el mayor salto cualitativo en la cabeza de una mujer), madurar, librarse de las inseguridades que la llevan a liarse con un hombre con los mismos defectos que su padre, para acabar rechazando a los Chicos Malos (primero con rabia, luego con condescendiente simpatía); para apreciar las virtudes sencillas pero atemporales de los Chicos Buenos; para, por fin, valorar con justicia a Ted.
  6. No es la única que madura, también tenía que hacerlo Ted, que se pasa toda la serie tratando de convertir a la ultra independiente y moderna Robin en la mujer hogareña y maternal que él buscaba. Otro cuento (de brujas, que no de hadas). Del mismo modo que a Barney no lo iba a convertir el Amor de una Mujer Buena y Distinta, a Robin no iba despertársele un instinto maternal a instancias del Amor de un Hombre Bueno y Distinto. Ted también va aprendiendo con los años, de sus fracasos amorosos (las egoístas Stella y Zoey), de los amores que no pudieron ser más largos (Victoria, la sabia repostera), y comprende finalmente que Robin sólo cambiará, si a ella le da la gana hacerlo.
  7. Pero sobre todo, la serie nos entrega un regalo inmenso: la constatación de que, en la Realidad, aunque existan parejas perfectas como Lily y Marshall, no por ello, ese resulte ser el único camino hacia el Amor (con mayúsculas) y la Felicidad. En la Realidad, hay personas que nunca llegan a conocer el Amor, pero aun así pueden ser felices, y hay otras que llegan al Amor, dos, tres, cuatro, muchas veces, con historias más o menos perfectas, pero todas dignas de respeto por lo que significaron mientras duraron. Vamos, que los guionistas estadounidenses han leído a García Márquez. Y es lo que le pasa a Ted, que tras muchas historias, acaba teniendo un Amor Perfecto, con una chica encantadora con la que funda la familia que tanto anhelaba. Y luego además, tiene un Amor Romántico, con la Chica Soñada, a cuya puerta acaba volviendo a golpear, tras años de paciente espera.

 

Y por todo esto, esa imagen final de Ted bajo la ventana de Robin, con el dichoso cornetín azul, con la sonrisa segura del que sabe que esta vez no va a ser rechazado, es un final redondo, pero también sorprendente. Lógico, pero también novedoso. Real, pero también muy romántico. Y también, por qué no, legen… dario.

como conocí a vuestra madre

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