#metoo vs #notmetoo

Tengo una amiga funcionaria, grupo A, bien posicionada y respetada en su departamento. Hace unos años tuvo que aguantar a un jefe baboso. No era jefe suyo directo, pero él tenía que dar el visto bueno en determinados documentos que salían del departamento de mi amiga, lo que la obligaba a tratar mucho con él. El tipo era un baboso de libro. De esos que solo te miran las tetas y hace chistecitos (sin gracias alguna) sobre lo guapa que estás, chistes que no te hacen sentir mejor en absoluto porque no tienen gracia, y porque no te apetece que un viejo desagradable te haga patente que se está imaginando cómo sería montárselo contigo. Que lo piense si quiere, pero que no lo comparta, leñe. Pero al baboso, mi amiga le gustaba más aún que al resto, o simplemente la vio más accesible, cualquiera sabe. El caso es que el tipo la acariciaba en los brazos, o incluso en las piernas si estaba sentados, a la menos ocasión, y con cualquier excusa. Le echaba miradas super desagradables. Hacía comentarios sobre su ropa: si iba algo “destapada”, pues nada, a celebrarlo con las “gracias” de siempre. Si iba tapada hasta el cuello, en la ingenua creencia de que eso la salvaría, al contrario, el tipo se pasaba media reunión lloriqueando por lo tapada que iba. Que el tipo era un baboso lo sabía todo el mundo. Pero con respecto al tratamiento especial que daba a mi amiga, ésta había optado por no contarlo a nadie excepto a nosotras, sus compañeras de café y amigas. A su marido prefería no contarle nada. Pero era tan evidente que su jefe directo y sus compañeros acabaron notándolo. Así que lo que hacían era evitarle ir a esas reuniones. O permitirle entregar telemáticamente los informes. O incluso, si no había otra que ir a una reunión con el baboso, ellos se colocaban físicamente rodeando a mi amiga para que el tipo no pudiera ni rozarla. Eran buenos tipos. Pero lo curioso es que a ninguno se le ocurrió decirle nunca, oye, por qué no denuncias a este impresentable. Tampoco hablaron con el tipo directamente, o informaron a superiores comunes. Tampoco lo hicimos ninguna de sus amigas. Sabíamos que al final la cosa se volvería en contra de mi amiga, que se montaría un escándalo, que todo el mundo la señalaría, que tendría detractores, que todo el mundo opinaría, muchas veces criticándola, y que habría quienes defenderían al tipo desde lo alto porque era un jefe con muchos contactos…ella lo sabía, así que lo fue llevando como pudo y, eso sí, cuando el tipo se jubiló y le dieron una copa de despedida, ni ella ni otras muchas fuimos, en señal de solidaridad. Hubo quien nos lo afeó: como sois, si el tipo es así, no puede evitarlo, si ya se jubilaba…

 

Tengo otra amiga. Aprobó unas oposiciones dificilísimas. De esas que los abuelos ponen de ejemplo cuando quieren hablar de alguien muy listo o trabajador. Las aprobó. En su promoción apenas había mujeres, eran todo tíos. Un día salieron de marcha todos, y uno de ellos, que era conocido por ser “rarito”, se tomó dos copas de más y se puso super pesado con ella. Baboso. Pesado. Nada de flirteo inocente. Cuando un tío se te pone pesado en un bar y no hay manera de quitártelo de encima. Al final se fue a su casa porque no podía aguantarlo más. Compartió taxi con otros dos compañeros que estuvieron de acuerdo con ella en que el tipo se había pasado varios pueblos. Al día siguiente, mi amiga fue al despacho del tipo, y le hizo ver lo absolutamente desubicado que había estado. Le preguntó si le gustaría que alguien hubiera tratado así a una hermana suya. El tipo se enfureció, negó todo, y empezó a criticarla siempre que podía. Automáticamente, toda la promoción se colocó en una pura y exquisita neutralidad, no queremos meternos, todos, incluidos los que la habían acompañado en el taxi. Pasadas unas semanas, mi amiga se dio cuenta de que ya no la llamaban para quedar, y cuando preguntó, le dijeron que preferían no llamarla, para que no coincidiera con el tipo. Como ahora andáis peleados… Al final, mi amiga tuvo que transigir, arreglar como pudo la situación, ¡cómo si la culpa fuera suya!, porque veía que iba a quedarse sin amigos en el trabajo.

 

Estoy hablando de dos funcionarias de la Administración. En donde hay leyes que nos protegen. Un oasis en el que la igualdad está más que reconocida, en donde se supone que no hay discriminación. Y aún así… son cosas que pasan, a diario, que te pueden pasar a ti, aunque estés en un puesto alto, en una buena situación. Y no se habla del tema porque al final, si la cosa no se desmadra mucho y no pierdes tu puesto, o algo irremediable, pues te aguantas. De hecho, mis dos amigas no existen como tales. Son una mezcla de varias, he distorsionado datos, porque sé que si las protagonistas reales se reconocieran en mi blog se sentirían muy incómodas. Son temas desagradables, cosas que pasan, que no apetece airear. Lo del #metoo no cala aquí.

 

Por eso es tan fantástico lo que estas mujeres de Hollywood han hecho. Porque al decir #metoo aparte de dar voz a las que no tienen poder, ni capacidad alguna, a las débiles, han dejado claro que estas cosas que pasan pueden pasarnos a todas, incluso a las que nos sentimos protegidas por nuestra posición, por nuestra situación económica, por nuestra ubicación social. Si le pasó a Salma Hayek, a Ashley Judd, a las dos actrices que interpretaban a unas brujas buenas que luchaban contra el mal con tacones y minifalda…(y que apenas han vuelto a actuar, por cierto y ahora sabemos por qué), al final te das cuenta que te puede pasar a ti también. Por eso es alucinante lo que hicieron. Y por eso todas nos emocionamos cuando Oprah gritó but their time is up .

 

Bueno, no todas. Las mujeres somos tan diversas como los hombres, y de todo hay en esta viña de Zeus. Es curioso porque en mis años de diplo en el exterior, siempre he sostenido con uñas y dientes que España no es más machista que otros países de Europa. Una especie de leyenda negra actualizada nos señala a veces como tales, y yo defiendo a los hombres (y mujeres) de mi país. No somos los más machistas de Europa. Y muchas veces añado, “en mi opinión, Francia es tanto o más machista”. Es verdad que es el país de Olympe de Gouges, de Flora Tristán y de Simone de Beauvoir. Pero también es el país en el que a Edith Cresson en su discurso de investidura como PM de Mitterrand, le gritaron obscenidades e insultos que nunca escuché en un parlamento español. Es también el país que considera que era super moderno tener a un presidente polígamo manteniendo a sus dos mujeres en la casa oficial pagada con los impuestos de los ciudadanos. El país en el que muchos están seguros de que su presidente actual es gay sencillamente porque está casado con una mujer 24 años mayor. Así que el manifiesto de las 100 intelectuales y artistas contra el #metoo no me ha sorprendido mucho. Me ha cabreado, obviamente también ha habido mujeres en Francia igualmente cabreadas, y realmente, como europea, me hubiera gustado que este movimiento hubiera tenido más mujeres de aquí equivalentes a las de Hollywood. Quizá nadie acosa ahora a Catherine Deneuve (no por ser vieja, sino porque es poderosa). Pero me apuesto la mano derecha a que sí tuvo que aguantar lo suyo cuando era una actriz joven y poco conocida. O no tan conocida. Nadie le pedía que lo contara, pero su cinismo al firmar ese manifiesto retrógrado ha sido decepcionante. Y encima seguro que todas se creen super modernas y valientes.

Pero ya digo que no me ha sorprendido. Porque esto de definir el acoso sexual como flirteo o seducción es algo de toda la vida. Tan viejo como definir la violación como un acto consentido en el que la mujer es demasiado tonta como para darse cuenta de que era consentido, o sencillamente, se ha enfadado y busca vengarse de cualquier forma. Y de la misma actualidad. No hay más que dar un repaso a la vomitiva defensa de los “buenos hijos” de La Manada. 

Pero bueno, estaba claro que no iba a ser fácil. Hay que seguir. Their time is up. Tandis que le votre, chères demoiselles, c’est tout à fait fini. 

 

#metoo

Time Person of the Year

 

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